jueves, 23 de enero de 2014

Ya es primavera. ¿No?

Desde entonces todo me sabe a fruta.
Me subo a los autobuses y sonrío hasta con las ruedas.
Llueve, y lluevo yo.

Desde entonces, me miro al espejo y me planto un beso con sabor "hoy vas a poder."
Me echo crema por todo el cuerpo y bebo café los Domingos.
Y sí, sigo mordiendo la tapa de los bolis.

También abrazo al cielo cada tarde. Para que no se sienta solo.
Idealizo mi propia playa bañada de mí.
Sigo echándome la misma colonia que inunda cualquier calle por donde paso.

Me meto en la cama a la 1, y me duermo a las 6.
Escucho música a toda hostia sin pensar en los vecinos.
Me río de mí misma. Sin pensar en mí.

Desde entonces, cierro puertas. Pero no por miedo a que alguien las cierre por mí. Las cierro porque lo que hay detrás no me conviene.
También acaricio perros callejeros.
Y sí, sigo llegando tarde todos los días allá donde vaya.

Desde entonces, me hago el desayuno cada mañana y abrazo a mi madre.
Duermo casi desnuda.
Y me desnudo en los folios.

También bailo. Me atuso el pelo y salgo por ahí con mi mejor vestido a no pensar.
Me sigo tropezando si subo los escalones de dos en dos.
Y bueno, sigo siendo desordenada.

Miro cómo los coches, cargados de kilómetros, necesitan descansar. No pueden ver otra despedida más.
Miro cómo las nubes estallan porque no guardan más.
Escucho cómo suena el miedo. Y no, no le odio. Le quiero. Por hacerme más fuerte.

Sigo adorando el piano.
Mirando mal al 98% de la gente.
Cortándome con los folios.

Desde entonces, me echo acondicionador en el pelo.
Me sigo poniendo los calcetines de colores distintos.
Y sigo teniendo aquel libro que nunca terminé de leer.

Adoro la natación.
Morder labios carnosos.
Abrazar dudas de los demás aunque a mí me bombardeen.

Espero en estaciones.
Huelo cuellos.
Y sí, también sigo adorando hablar por teléfono.

Me gusta hacer reir.
Me encanta hacer llorar de felicidad.
Y sí, cómo no, nunca he dejado de perderme por calles que ya conozco.

Y aunque a veces me esconda.
Y no quiera saber de mis duchas de 45 minutos. Ni de pintarme las uñas.
Ni siquiera, quiera saber de comer castañas a las 8 de la tarde un Viernes de Invierno.






Aunque use todos los "aunque" del mundo y quiera creer que he cambiado..

Desde siempre..

Sigo siendo.


Yo.



-Aida.

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