Y escribo cuando no sale por la boca. Escribo lo mismo que dentro de cinco minutos no tendré cojones a leer. Apago la luz, pongo el móvil en silencio, abro la ventana y pum.
Las luces parpadean. No sé si están encendidas o apagadas. Y eso soy yo a veces.
Una luz intermitente. A veces parece que voy a apagarme para siempre y de repente emito un chorro de luz que ciega a cualquiera. Y otras.. otras parece que soy el foco más grande y más fuerte del planeta y solo soy el reflejo de otro que está detrás mío. Preparándose para brillar.
Cada día me embadurno más de mierda interna creyendo que con sacarla cada 4 meses vale. Pero no.
No vale. Ni siquiera valía cuando la sacaba cada día.
El mar no me salpica porque no le dejo ni siquiera rozarme.
Ni siquiera me abrazan porque no les dejo acercarse.
No me sonríen porque llevo tiempo sin querer verlos felices.
No escucho una voz que no sea la de mi otro yo dentro de mí.
Bebo un trago de agua y asimilo todo lo que está pasando.
Me muerdo las uñas, me acaricio los pies y me hago un nudo en el pelo. Y en el corazón.
Me cierro. 110%. Para nadie más que para mí. Joder.
Me miran y hablan de mí. Hablais en mí, voces. Hijas de puta.
Me meto en la cama y doy tantas vueltas como horas pasando miedo delante del espejo.
Y te cuelgo. Te rompo. Te lamo. Te desangro. Te arranco las uñas. Te desnudo. Te humillo.
Querido miedo. Eres un puto lastre del que estoy enamorada.
A veces necesito inyectarme miedo para no ser tan valiente y cagarla. A veces necesito hostias de valentía que me hagan ver que el miedo no puede gobernar una cabeza como la mía.
Una puta dictadura acústica.
A veces luchan. Luchan tanto que acaban saliendo para fuera y me obligan a arrancarme la coraza y vaciarme con alguien.
Y me río. Y mi rio. Mi rio particular. Lleno de peces que me hacen cosquillas en los pies para recordarme que estoy viva.
A veces rio, otras mar.
A veces montaña, otras subsuelo.
A veces beso, otras muero.
A veces muero, otras vivo.
A veces espero. Y nadie llega porque nadie se ha quedado a ver cómo necesitaba que alguien se quedara para irle a buscar.
El mundo se hace pedacitos dentro de mi boca y yo no sé ni masticar.
Pero tranquilos.
Ya estoy parpadeando.
Lo que no sé es si por dentro o por fuera. Si brillaré o me brillarán encima.
Pero estoy. Y lo que tengo muy claro es que nada. Nunca, me va a apagar.
Ni siquiera mil focos encima de mí.
Nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario