domingo, 5 de enero de 2014

Aviones.

Y desaparezco. Pum. Bang. Adiós.
Me cojo el primer avión que salga y me subo a él cargada de cicatrices.
Cierro la puerta de los miedos y los tiro por la ventanilla. No sin antes fijarme en cómo te alejas.
Nunca me despediría. De nadie. SÓLO DE MÍ.
Sólo yo me merezco algo tan doloroso como una despedida eterna sin ninguna razón aparente.
Porque.. bueno.. ya sabeis. A no ser que sea por causa mayor. Siempre que nos vamos de la vida de alguien es por algo. O mucho peor, por alguien, y muchísimo peor, por nosotros mismos.
O bueno.. por la otra persona.
Y sin más, me zambullo en esa masacre de recuerdos que vuelan a 500 km por hora. Y a 500 lágrimas por minuto.
Te veo. Pero muy pequeño. Apenas puedo tocarte. Joder.
Solo un abrazo más y te juro que me voy. Que desaparezco.
El pánico de idealizar que un día realmente me toque hacer esto. Me toque desaparecer. Olvidarme de mí misma. Olvidar lo que fui. Por miedo, como no. Miedo a cagarla. Miedo a hacer daño.
Me arde la piel. Y los ojos. Y nada lo calma. Y me desangro esperando que alguien venga a atarme. Las heridas.

Corres pero bah.

Ni la Torre Eiffel. Ni el edificio más alto de Madrid, Empire State, ni siquiera Barcelona, ni Lisboa, ni una cama me hizo volar tan alto.
Y sin quererlo, he hecho que recorras medio mundo buscando una altura a la que nunca llegué.
Como siempre, por miedo a caerme.
¿Nunca has notado como te rompías, literalmente hablando, al escuchar una canción?
Se te eriza la piel y las costillas se hacen harina.
Y el corazón. Ojalá mármol. Pero no. Solo es.. pues eso.. corazón.
Joder. Tampoco es tan malo notarlo de vez en cuando. Sentir que tienes algo que late solo por mucha mierda que te metan del exterior.
Aunque tu estado de ánimo sea lamentable. Aunque no comas. Ni duermas.
Es tu corazón. Y sin quererlo, te está obligando a vivir.
Te tiras a una piscina llena de reproches y pretendes no hacerte daño cada vez que te miras al espejo.
Te fumas un cigarro queriendo no acordarte de nadie, o mucho peor, buscando olvidarte de alguien.
Te subes a un tren queriendo dejar atrás lo que sabes de sobra que siempre tendrás en la cabeza.
Te pones la bufanda, las botas, sales a la calle, y andas con la música a toda hostia. Y coño. ¿Quién no tiene a alguien en mente?
Miradas que congelan buscando algo de calor.
Miradas calientes que buscan que alguien las congele. En el tiempo.
Y miradas templadas cansadas de buscar y cerrandose en sí mismas.
Corres la cortina que la noche anterior te vio correrte a ti.
Te enciendes un cigarro mientras la ciudad se despierta.

Y bueno, ahora estás en el avión. Y te toca elegir si matar los recuerdos.


O matarte con ellos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario