Escribo con los recuerdos entre los dientes y dejándoles pasar a la garganta. Para abrazarme. Por una vez, no me ahogan como llevan haciéndolo unas cuantas madrugadas.
Me despedazo en las manos para poder abrazarme las heridas en vez de meterme el dedo en la cicatriz que nunca asumí haberme visto y mucho menos, haberme desangrado por ella.
Me trato como a un trozo de algodón. Suave. Rozándome las entrañas sin arañarme.
Me miro al espejo y me sonríe el a mí.
El cielo pesa pero no encima de mí. Nubes negras. Como mis bragas.
Y ahora rosa, como mis manos. Apretándote.
Me estoy bailando encima. Y la mejor canción es que no hay canción.
Y si la hay, saldría yo sonriendo. Por dentro.
Me acaricio el pie derecho con el izquierdo.
Como las hostias que antes me daba.
Si dolía el de la izquierda, me pellizcaba a la derecha para no reconocer que yo también sentía.
He colgado las dudas en el perchero de detrás de la puerta. Y del portazo que he dado creo que he deshilachado hasta los calcetines que no llevo puestos.
Que no.
Los pies fríos. Siempre.
Y el corazón a ras de mi calle. En la que siguen pasando autobuses, en los que quizá yo un día me monte para ir a buscar la felicidad.
Las uñas enteras. De seguridad.
Los ojos abiertos. Y el viento reventándome hasta el alma.
Me inspira más el cielo oscuro que el cielo.
Me inspira más un café sin azúcar, ni leche, con odio que un jodido cubata de vodka redbull que sepa a "te estoy echando de menos".
Me inspira más el dolor que la alegría.
Me inspira más despedirme que saludar.
Más los pies congelados que el corazón caliente.
Los cuadros de mi habitación necesitan volver a envidiarme. Por el arte. El de sonreír sin saber porqué.
Necesitamos vivir a lo loco. Salir sin pensar a dónde. Gritar. Levantarnos tarde. Mordernos los hombros. Quemarnos al sol. Hacernos piercings. Desayunar a las 7 de la tarde.
Acostarnos cuando todos se levantan y levantarnos cuando todos se aburren y acaban dormidos.
Beber. Fumar. Saltar.
Comer mucho chocolate. Hacer tantas palomitas como días con miedo.
Dar vueltas sobre nosotros mismos.
Andar descalzos y pillarnos las dudas con la puerta.
Sonreir cuando todos asienten con la cabeza.
Llevar la contraria cuando todos sonríen.
Volar solo por llevar un vestido con vuelo.
Necesitamos hacer todas esas cosas que nadie más hace por no ser "normales".
Necesito llevarle la contraria al mundo.
Necesito hacer cosas que me hagan feliz.
Necesito saltar de cama en cama, salir a la calle en bragas, dormir desnuda, abrazar el cielo, encontrarme un billete de 20 euros.
Pequeñas cosas.
Que me hacen enorme.
Como la de sonreír un viernes cualquiera imaginando.
Imaginando unas manos en mis piernas.
O unos ojos en mi espalda.
Imaginando. Y sintiendote.
Aquí.
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