miércoles, 19 de marzo de 2014

Somos.

¿Quién ha dicho que necesitamos vivir para sentirnos vivos?
Puedes estar viviendo meses que por dentro te puedes estar sintiendo más muerto que nunca.

A veces todo fluye. Todo avanza. Todo pinta bien. Tan bien que solo quieres llorar de felicidad.
Todo va sobre ruedas.
Ruedas que quizá mañana se pinchen con una piedra. O con una puta montaña imposible de esquivar.
A veces la vida es una playa en Agosto con olor a macarrones con tomate de mi madre.
También puede oler a ropa recién lavada. A pintauñas recién pintado.
A laca. A mandarinas. A estación de tren. Al beso de después de "el tren va a efectuar su salida". Al que se da al aire, digo.
Saltar kilómetros de charcos. Llenados con lágrimas y que al final esté el abrazo más grande y doloroso del mundo. Un abrazo que te salva de muchísimas noches llenando ese charco. De muchísimas dudas.

Ir corriendo detrás de un autobús y escuchar el choque de los besos de dos personas que ya se han bajado.
Entrar en un baño, llenarlo de vaho y ver un corazón mal pintado en el espejo. De dos personas que ya no escriben, ni se duchan, ni se besan.
Apagar la luz de la habitación de un hotel y ver las sombras de personas que ya no se muerden hasta el alma.
Abrir un libro que un día leyó una voz a otra y escuchar sólo los puntos de las frases que un día se recitaron.
Abrir la ventana y oler la nostalgia de un verano vacío que un día llenó alguien.
Salir a la calle cuando llueve y correrse de tanto recordar.
Pero correrse a lo bestia. Tanto que empieces a llorar.

Nunca conseguiré entender el porqué de recordar hasta las cosas más insignificantes de alguien cuando se está marchando.
No me gusta despedirme. Si algún día me marcho, será sin un adiós.
Será después de haber luchado hasta dejarme las ganas.
Un puto "quiero luchar" grabado en la frente.
Me gusta sentir. Me gusta abrazarte. Me gusta sentirte encima de mí. Me gusta recordarte entre mis muslos cada noche. Me gusta luchar por ti. Por mí. Por nosotros. Me gusta Madrid.
Me gustas, Madrid.
Me gustas en Barcelona, dándome un beso en los párpados.
Me gustas enfadado. No conmigo. O bueno, sí. Me encantas enfadado.
Me gusta tu olor. Me gusta la Plaza de Oriente.
Adoro recordarte esperándome en el borde de la cama.

Sonreirte encima tanto que sólo pueda mirarte.

Hay cosas que nunca podré contarte. De lo mucho que me dabas y me das con ellas.

Hay cosas nuestras.

Aún hay muchas cosas por hacer.

Aún. No. No me gusta el "aún".

Me gusta un nosotros.

Nosotros.
En presente. Somos.

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