La gente no se fija en los detalles. Joder.
Cuántos corazones se habran pillado en la puerta de un hotel.
O cuántos se han mordido hasta en la ducha.
Cuántos pisos se necesitan para subir un edificio lleno de toldos verdes y de futuros negros.
Estoy escribiendo mientras viajo en autobus, algo de dinero, los labios medio pintados y un puente que no para de hacerme botar.
Ya esta. Ya pase el puente.
Acaban de estornudar y siguen diciendo jesus porque claro, no decirlo no es normal. Y es de ser maleducado.
El sol si que es un maleducado.
Tanto que acabo de escribir su nombre y me ha azotado por el lado derecho sin pedir permiso. Una chica se acaba de echar colonia.
Para oler bien. Por fuera, claro. Quién sabe a que huele por dentro. Todos mirando una pantalla con letras creyendo que el mundo está ahí y nadie mirando el atardecer. Cuántos cuerpos se habran quedado en esta carretera.
Cuántos corazones se habran separado con cada centímetro que avanza el bus. Un parque repleto de niños. Y de inocencia. Nadie les mira. Todos hablan y nadie está mirando cómo su hijo pequeño acaba de hacer un dibujo en la arena creyendose artista. No sé.
Acabo de ver un charco y he visto todos los asiento llenos de gente vacía.
Hoy al cielo le han dibujado de nostalgia. Y no sabe cómo parar de llorar. Restos de carmín en el espejo. Quizá es que ella no podia soportar la idea de que no pudiera volver a besarle y ha tenido que dejar constancia de ello en un autobús.
Me siento enorme viendo cómo los demás coches se hacen enanos pasando a mi lado. Un niño me acaba de saludar. No me conoce. Pero yo ya le envidio.
Es raro ver a alguien saludando sin más si no es un niño con inocencia y ganas de pasarselo bien. Es sábado. Y estoy atardeciendo. Me reflejo en los asientos.
Llevaba vidas sin ver las nubes con tantas ganas de sonreir y aun así, llorando. Quiza es verda. Y llorar cuando solo se quiere reir, es correrse.
Placer y dolor.
Estoy siendo feliz en un autobús escribiendo.
No sé. Queria dejar constancia.
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