jueves, 5 de junio de 2014

Casi siempre que intentamos asumir que las cosas se marchan, acaban marchándonos nosotros antes de poder soportar la pérdida.
Y así con todo.
Preferimos caer al fondo del pozo empujados por el miedo que echarle los cojones suficientes que hay que tener para comerse desde la M hasta la O sin atragantarse.
Pero si casi todo el mundo baja la persiana para que no entre el sol.
Sale a la calle cuando ha dejado de llover.
Besa cuando sabe que más puede perder.
Se pierde cuando no sabe cómo no hacerlo.
Nada para no ver que las olas pueden ahogar..
Qué voy a esperar de la valentía.

Millones de recuerdos volando por mi cabeza. La playa.
Una pelicula, un cigarro, un abrazo. Tantos detalles acabarán conmigo.
Pero supongo, que aunque perder duela, merece la pena si ganaste.
Porque aunque solo sea un segundo, por misero que sea, ganamos.
Y por eso el egoismo.
El de tener que soportar meses en el suelo perdiendo al haber ganado un puto segundo de nuestra puta vida.
Parece que haya pasado por tres o cuatro vidas cuando escucho música de hace años.
Parece que el dolor se ha marchado, pero no.
Una canción siempre te remueve hasta el recuerdo que nunca creiste haber formado.
Y lo peor viene cuando no cierras los ojos pero sí los cierra tu cabeza.
Porque eso significa abrirte más en canal.
Dejar que la sangre fluya.
Y dejar que cada gota, esté manchada de momentos.
De silencios que gritaban sentimientos.
De ganas aparcadas en un beso.
De ilusión, que menos mal, aún no he perdido.
Y de fortaleza, que menos mal, va conmigo. Allá donde vaya. Y con quien vaya.

No hay comentarios:

Publicar un comentario