martes, 6 de octubre de 2015

Iba a escribir algo que no sonara a tener hasta las uñas cargadas de miedo. Quiero decir, algo que no fuera un "no te vayas" o lo típico que se suelta cuando piensas en la posibilidad de perder a alguien.
Escucho canciones de hace tres años y todo vuelve a brotar por dentro.
No hablo de nadie en concreto. O sí. No sé.
Creo que la mejor casualidad fue encontrarme a otra persona que también estaba rota.
Dicen que compartir la soledad es bonito porque es una forma de curarse dándose la mano con otra persona. Yo no sabía querer. Al menos no tanto. Y mucho menos quererme.
Quiero hablar de lo que soy desde que Madrid dejó de ser un hueco en el mapa y empezó a serlo aquí dentro.
La capacidad de andar por Gran vía sintiendome grande. Ya ves. Qué tontería.
Siempre he dicho que sola y llorando se escribe mejor. Y triste, ya ni os cuento.
La fragilidad de masturbarse pensando en alguien que se ha marchado. Nadie habla de eso. Y quien lo habla es porque seguramente ya no esté hecho añicos y pueda articular su nombre sin temblar.
Cuando alguien se va no es que te deje vacío. Es que te deja solo. Y eso es mucho peor.
Te deja solo porque sabes que sí, puede que muchos otros te cojan el teléfono a las 12 de la noche pero ninguno va a descolgar y a reirse mucho antes de que hables.
Te deja solo porque sabes que por muchas duchas nunca nadie te va a besar la nuca de la misma forma. Sí, claro que lo superarás y conocerás a otras personas. Incluso puede que te enamores hasta las trancas y consigas recordar con nostalgia y nunca con dolor. Aunque el dolor y la nostalgia vayan de la mano y tú ni siquiera puedas reconocer cuándo es una y cuando otra.
Te deja solo porque sabes que todas aquellas calles que paseasteis de la mano ya no te van a ver empotrada contra la pared y casi sin ropa. Al menos no te verán desvestida por las mismas manos.
Me gusta pensar en el dolor porque nos hace vivos. La rabia, el miedo, el "no puedo". Las noches llorando. Las noches follando. Me gusta hablar del desamor porque todos lo hemos sentido. Y quien no lo ha hecho, que se prepare.
Me gusta escribir de todo aquello que puedo perder porque es una forma de darme cuenta de que aun lo tengo y de que tengo que agarrarlo como si otra mano me lo estuviera quitando por otro lado.
No sé si me entendeis. Pero tampoco me importa. Soy feliz con lo que tengo. Pero lo soy aun más dandome cuenta de que aún lo vivo.

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