martes, 8 de julio de 2014

Los renglones de tu cuerpo.

Con Sab, latiendo desde la primera letra hasta el último punto. (Cursiva)
- Exprimid sus letras, y vividlas. http://dobledecafe.blogspot.com.es/


Siempre intentando dejar pasar el miedo por las rejillas de la desidia para evitar que se mezcle con mis ganas de vivir y las de meterme en la cama a no ver el sol. Comiendo helado de chocolate para calmarme las ganas de follarte contra la encimera. Romper todos los vasos del armario mientras chillamos que no podemos parar de querernos. Mientras chillamos con los ojos que el "no puedo" se ha convertido en un "voy a hacerlo". Siempre jurandome cosas que ni yo misma cumplo y sin prometer nada a nadie. Las promesas duelen. Las palabras, se clavan. Y las miradas queman más que una noche de San Juan sin sus manos en mis caderas.


Rompiendo esquemas por contar, con, tus vértebras. Desajustando reglas, perdiendo esperanzas, pesadillas y temores, ganando por qué no's solo por verte amanecer. A cualquier hora del día. A ti. Vendiéndole años de vida al diablo a cambio de placer extremo entre tus dedos. Juré no volver a caer, y dime cómo me pusiste la zancadilla que no logré evitar. Te. 


Evitar. Evitar sentimientos que te hacen volar por el miedo a estrellarte contra el suelo. Evitar unos labios por miedo a que se conviertan en una espalda que ya no quiere rozarte durmiendo. Evitar unas manos por miedo a que se conviertan en arañazos. Evitar el corazón, claro. Ese gran desconocido y que todos tenemos dentro latiendo o rasgándonos los vestidos. El mismo vestido que ayer me quité sola y hoy me quita sus manos, grandes. Esas manos que abarcan el hueso de la cadera que tantas noches besó. Su corazón, que casi lo conozco mejor que el mio. Que me late encima y yo solo pido parar el puto instante en el que me lo clava, hasta dentro. Y por un momento latimos, a la vez.. latimos. Juntos. Latimos. Y para qué más. 


No le quiero poner final. Ni a lo tuyo ni a lo mío. Evitemos el mundo. Evitémonos todo cuanto quieras, pero el cubo Rubik nunca estará entero si le falta un color. A ver dónde encuentro unos dedos que sepan contarme las costillas, cosquillas. A ver. Dónde. Sin ti. Sin nosotros. Sin aire. No creo en lo eterno ni en el amor. No he encontrado ninguna flecha en mi trasero, pero. Creo en el nosotros. Y en que ni tú, ni yo, ni otros, lo van a dejar incompleto. Creo. Y no miento. 

En los atardeceres. En ellos no creo, en ellos vivo. Y dejo que me abracen el alma desde dentro. Que me hagan cosquillas. Que me iluminen noches en las que solo busco dejar de respirar. Y mientras escucho música de los 80. Me quito las bragas, me enciendo un cigarro y pienso en ti. Primero la mano derecha, luego torpemente la izquierda. Todo lo que está a la izquierda cuesta. Subo la música. Me imagino tus labios en mis ingles. Cantándome una canción mientras yo tarareo algun que otro gemido. Mordiendote el corazón porque los labios hace tiempo que te los gasté. Me corro. Corro a llamarte. Salgo en pijama de casa, sin bragas. Corro a tu portal. Me esperas. Me besas. Me muerdes. Me atrapas los monstruos y les humillas. Me salvas, cuidas y matas las voces. Me empotras contra los barrotes de tu puerta. Los vecinos nos oyen. Pero qué más da. Tú cada vez eres más yo. Y yo soy tú. Nos olemos, por dentro. Nos lamemos, las heridas. Nos conjugamos en presente y en plural. Nos hacemos. Claro, joder. Nos hacemos. 


Eternos en un solo orgasmo. Rabia en formato de placer. La mejor fuga, tu espalda. Cállate. Cállame. Revienta. Me. Tus brazos, tus hombros y en tu cuello derrapo. No controlo, me controlas. Tú. Y mis ganas. Poros de la piel a mil. Por hora. Escalofríos por segundo. Los siete pecados capitales, mierda, los perdí junto a tu camiseta. Que se joda lo inexistente. Te dejo grabados los dientes hasta en el alma. Calla. Disfruta. Siéntenos. Me. 

Y mis manos venga a recordarte cada noche. Y tus manos venga a recorrerme cada noche. Y mis pies venga a correr por la estación. Y mis ojos buscándote como una loca entre caras largas de gente triste. Te veo. Llegas. Te miro, te clavo. Dentro. Te sonrio. Me sonries. Me abrazas. Me metes la lengua hasta el último rincón de mi cuerpo. Me aprietas el culo. "Ya estoy aquí, cariño". Pero yo sigo creyendo que todo es mentira. Que no puede ser verdad que te esté oliendo. Que estés acariciandome por dentro. Que estés, conmigo. Con nadie más que conmigo.


Llámalo egoísmo. Amor. O yo qué sé qué mierdas. Pero las ganas de ti me corroen. Me queman. Me sacias. Me. Joder, ven.


O vete, marchate, llévate todo. Llévate el amanecer en el que abrazaste más que que a ti mismo. Llévate las ganas de vernos. Llévate, conmigo. Vamonos. Da igual dónde. Da igual cómo. Pero no me sueltes. Porque por suerte, venir no es lo mismo que volver. Y tú no estás volviendo. 

Volvámonos locos en alguna estación de tren. En invierno. O en verano. Perdámonos. Perdóname. Pídeme lo que quieras. Vámonos, ya. Callemos al mundo con ese adiós que nunca nos diremos.


Y si decimos Adiós que sea al pasado, al que duele. A las puñaladas. Al tren que nos lleva separando meses. Si decimos Adiós, que no sea a nosotros, pero sí seamos nosotros. Tú y. Yo y. Nosotros. ¿Volamos? Volemos. Nosotros, sí se puede conjugar en presente. Mirándote de frente y rozandote el corazón con la yema del mio. 

Acariciándote puntos que ni tú te conocías.

No hay comentarios:

Publicar un comentario