sábado, 19 de julio de 2014

Yo, y.. yo.

Comiendo chocolate, con el pelo revuelto, andando en bragas por mi casa, recordando otro cuerpo que no es el mío. Estoy más guapa.
Tropezándome con la nostalgia. Revolviéndome con los recuerdos y añorando unos labios que tampoco, son los míos.
Recordar cómo el sujetador cogía una velocidad increíble para caer al suelo, cómo las bragas desaparecían de mi campo de visión y mi espalda se empotraba contra el cabecero de la cama.
Recordar unos pies rozándose con los míos. Mientras volaba hasta vete tú a saber el kilómetro.
Mientras flotaba y cualquier complejo tenía el verbo "tener" en pasado.
Porque el mar es mucho más bonito cuando te acompañan de la mano sin ni siquiera tocarte.
Porque la distancia es solamente muchas ganas de vernos y el miedo, en pasado, nunca muere.
Porque ojalá muriera.
Y pudiera pisarle. Y asfixiarle. Y hacerle llorar todas esas noches que él me hizo llorar a mí. Y que, seguirá haciendo.
Noches. Malditas y bonitas, noches.
Para besar. Llorar. Correrse. Soñar. Ver a alguien dormir. Emborracharse. Comer. Besarse las rodillas. Arañarse por dentro. Notar como alguien se aleja. Jurarse cambiar. Idealizar algo que ya idealicé en su día.
Comer helado. Recordar viejos tiempos. Y mejores sensaciones.
Apagarse.
Como todo lo que un día brilló.
Morirse, como todo lo que un día nació.
Bailar, como todo lo que un día era lo suficientemente grande como para no necesitar hacer nada y tenerlo todo.
Ganas que acaban en nada.
Nada que un día fue todo.
Miedo que sigue latiendo.

Y yo, que sigo llorando cuando llueve para no dejar los restos de la explosión.

Y yo, que sigo echando de menos aún teniendo encima aquello que me hace latir.

Y yo.. que menos mal, sigo siendo yo.

martes, 8 de julio de 2014

Los renglones de tu cuerpo.

Con Sab, latiendo desde la primera letra hasta el último punto. (Cursiva)
- Exprimid sus letras, y vividlas. http://dobledecafe.blogspot.com.es/


Siempre intentando dejar pasar el miedo por las rejillas de la desidia para evitar que se mezcle con mis ganas de vivir y las de meterme en la cama a no ver el sol. Comiendo helado de chocolate para calmarme las ganas de follarte contra la encimera. Romper todos los vasos del armario mientras chillamos que no podemos parar de querernos. Mientras chillamos con los ojos que el "no puedo" se ha convertido en un "voy a hacerlo". Siempre jurandome cosas que ni yo misma cumplo y sin prometer nada a nadie. Las promesas duelen. Las palabras, se clavan. Y las miradas queman más que una noche de San Juan sin sus manos en mis caderas.


Rompiendo esquemas por contar, con, tus vértebras. Desajustando reglas, perdiendo esperanzas, pesadillas y temores, ganando por qué no's solo por verte amanecer. A cualquier hora del día. A ti. Vendiéndole años de vida al diablo a cambio de placer extremo entre tus dedos. Juré no volver a caer, y dime cómo me pusiste la zancadilla que no logré evitar. Te. 


Evitar. Evitar sentimientos que te hacen volar por el miedo a estrellarte contra el suelo. Evitar unos labios por miedo a que se conviertan en una espalda que ya no quiere rozarte durmiendo. Evitar unas manos por miedo a que se conviertan en arañazos. Evitar el corazón, claro. Ese gran desconocido y que todos tenemos dentro latiendo o rasgándonos los vestidos. El mismo vestido que ayer me quité sola y hoy me quita sus manos, grandes. Esas manos que abarcan el hueso de la cadera que tantas noches besó. Su corazón, que casi lo conozco mejor que el mio. Que me late encima y yo solo pido parar el puto instante en el que me lo clava, hasta dentro. Y por un momento latimos, a la vez.. latimos. Juntos. Latimos. Y para qué más. 


No le quiero poner final. Ni a lo tuyo ni a lo mío. Evitemos el mundo. Evitémonos todo cuanto quieras, pero el cubo Rubik nunca estará entero si le falta un color. A ver dónde encuentro unos dedos que sepan contarme las costillas, cosquillas. A ver. Dónde. Sin ti. Sin nosotros. Sin aire. No creo en lo eterno ni en el amor. No he encontrado ninguna flecha en mi trasero, pero. Creo en el nosotros. Y en que ni tú, ni yo, ni otros, lo van a dejar incompleto. Creo. Y no miento. 

En los atardeceres. En ellos no creo, en ellos vivo. Y dejo que me abracen el alma desde dentro. Que me hagan cosquillas. Que me iluminen noches en las que solo busco dejar de respirar. Y mientras escucho música de los 80. Me quito las bragas, me enciendo un cigarro y pienso en ti. Primero la mano derecha, luego torpemente la izquierda. Todo lo que está a la izquierda cuesta. Subo la música. Me imagino tus labios en mis ingles. Cantándome una canción mientras yo tarareo algun que otro gemido. Mordiendote el corazón porque los labios hace tiempo que te los gasté. Me corro. Corro a llamarte. Salgo en pijama de casa, sin bragas. Corro a tu portal. Me esperas. Me besas. Me muerdes. Me atrapas los monstruos y les humillas. Me salvas, cuidas y matas las voces. Me empotras contra los barrotes de tu puerta. Los vecinos nos oyen. Pero qué más da. Tú cada vez eres más yo. Y yo soy tú. Nos olemos, por dentro. Nos lamemos, las heridas. Nos conjugamos en presente y en plural. Nos hacemos. Claro, joder. Nos hacemos. 


Eternos en un solo orgasmo. Rabia en formato de placer. La mejor fuga, tu espalda. Cállate. Cállame. Revienta. Me. Tus brazos, tus hombros y en tu cuello derrapo. No controlo, me controlas. Tú. Y mis ganas. Poros de la piel a mil. Por hora. Escalofríos por segundo. Los siete pecados capitales, mierda, los perdí junto a tu camiseta. Que se joda lo inexistente. Te dejo grabados los dientes hasta en el alma. Calla. Disfruta. Siéntenos. Me. 

Y mis manos venga a recordarte cada noche. Y tus manos venga a recorrerme cada noche. Y mis pies venga a correr por la estación. Y mis ojos buscándote como una loca entre caras largas de gente triste. Te veo. Llegas. Te miro, te clavo. Dentro. Te sonrio. Me sonries. Me abrazas. Me metes la lengua hasta el último rincón de mi cuerpo. Me aprietas el culo. "Ya estoy aquí, cariño". Pero yo sigo creyendo que todo es mentira. Que no puede ser verdad que te esté oliendo. Que estés acariciandome por dentro. Que estés, conmigo. Con nadie más que conmigo.


Llámalo egoísmo. Amor. O yo qué sé qué mierdas. Pero las ganas de ti me corroen. Me queman. Me sacias. Me. Joder, ven.


O vete, marchate, llévate todo. Llévate el amanecer en el que abrazaste más que que a ti mismo. Llévate las ganas de vernos. Llévate, conmigo. Vamonos. Da igual dónde. Da igual cómo. Pero no me sueltes. Porque por suerte, venir no es lo mismo que volver. Y tú no estás volviendo. 

Volvámonos locos en alguna estación de tren. En invierno. O en verano. Perdámonos. Perdóname. Pídeme lo que quieras. Vámonos, ya. Callemos al mundo con ese adiós que nunca nos diremos.


Y si decimos Adiós que sea al pasado, al que duele. A las puñaladas. Al tren que nos lleva separando meses. Si decimos Adiós, que no sea a nosotros, pero sí seamos nosotros. Tú y. Yo y. Nosotros. ¿Volamos? Volemos. Nosotros, sí se puede conjugar en presente. Mirándote de frente y rozandote el corazón con la yema del mio. 

Acariciándote puntos que ni tú te conocías.

jueves, 3 de julio de 2014

Flores.

Para prisión la de nuestra cabeza.
Intentando salir de cuatro paredes hechas de recuerdos.
Intentando atravesarlos con las manos mientras les abrazamos para quedarnos con ellos un ratito más.
Cerrando los ojos para olvidar. Para recordar que estamos intentando olvidar cosas que queremos olvidar.
Dejándonos llevar por la lluvia. La misma que ayer me abrazaba las heridas y hoy se acumula hasta en la huella de los zapatos que nunca llevo.
Porque yo y los pies descalzos, vamos de la mano.
O de los pies, como querais verlo.
Ves como bailar de la mano con otra persona sin moverse, es vivir.
Que llevar vestidos de flores es una buena excusa para acabar plantándolos en el suelo de la habitación, literal y sexualmente hablando.
Qué manía la de querer tener lo que nunca tendremos porque nada es más nuestro que aquello que no tenemos.
Porque tenemos las ganas de tenerlo, y cuando lo cogemos con las manos, nos cansamos, o nos pesa, o llega alguien que se lo queda.
No sé hasta qué punto abrirte a alguien es bueno. Para la salud, mental.
Para la suya quiero decir.
El día que deje de escribirle a la nostalgia, dejaré de escribir.
Mientras tanto sigo echando de menos.
Llorando.
Y corriéndome.
Sin alguien al lado pero con alguien en la cabeza.
Acumulando recuerdos.
Hablando de veranos con verbos en plural.
Viviendo, de la mano, sin tocarnos.
Dejándote las piernas para que acabes con el corazón.

A mil.

Y hacia mí.