viernes, 28 de febrero de 2014

Ch.

Adoro la voz de una persona constipada.
La garganta rota de la decadencia. El no poderla oir gritar.
Adoro los abrazos por la espalda, hacerlos de frente dice demasiado y nadie dice demasiado cuando su conciencia habla de más.
Añoro los ojos marrones que a mí me hacían brillar. Esos ojos que llevan sin clavarse en mis muslos más de dos horas.
Siempre fui de escuchar música y dejar trocitos de mí por los peldaños de la desidia.
Escuchar silencio en mi cabeza se ha convertido en pasado.
Silencio sí puede conjugarse en pasado.
Miedo siempre en presente y futuro. Para atrás no miro. Los recuerdos y la mierda se me mete en los ojos.
Siempre salto los charcos por no verme reflejada en ellos y no poder mantener las ganas de llenarlos con agua. La de los ojos.
La que sale cuando las palabras ya no sirven para engañarse.
Me hacen triste.
Las canciones que hablan de otros y me obligan a sentirme identificada.
"No me hagas la cena, te hago yo la comida, ahogao entre tus piernas". Premio para quien sepa quién me está taladrando las entrañas ahora mismo.

Serpientes en mi sien recordándome que ni a ellas sé hacer bailar sin pisarse los pies que no tienen.
Increíble.
Hormigas por mi cuerpo llenándome a cosquillas. De las que duelen al saber que casi nadie quiere hacerte reir.
Mi cabeza es una jaula.
Y ni siquiera hay pájaro.
Aprieto la mandíbula y me preparo para pasar de canción. Como el que se prepara para salir de viaje y sabe que le esperan horas de viaje mareada.

La vida es un viaje de Valladolid a Barcelona.
Con ganas.
La vida, a veces, es un viaje de Barcelona a Valladolid.
Con ganas, de vomitar.
Los kilómetros no matan.
Matan las voces que te recuerdan lo lejos que estás.
"Acuérdate de mí pero no llores."
Solo eso.
Eso me digo. A mi otro yo.
Qué sería de mí si los que están yéndose ahora no hubieran venido a recoger lo que otros dejaron de lo que un día fui.

La culpa es mía.
Ya lo sé.
Todo es mío.
Excepto yo.


jueves, 27 de febrero de 2014

Me enciendo un cigarro y me enciendo por dentro.
Abro la ventana y me abro en canal.
Me congelo las putas pestañas y descongelo recuerdos que guardaba en esa caja de "no abrir nunca".
Se me deshacen en las manos, se me inunda la habitación, me desangro.
Agua y sangre.
Me aprieto las heridas. Pero no para curarme. Me las aprieto para sangrarme más encima.
Y Cheb me revienta hasta el dedo meñique del pie izquierdo.
Es como darse con el pico de la mesa en todo el muslo.
Es como arrancarse una uña. Y reirse a carcajada limpia.
Soy como una colmena. Llena de miel, dulce, suave.
Y con más picotazos que avispas.
Me muerdo las uñas.
Me muerden el cuello, para ver cómo me ahogo.
Me emborronan el cielo. El mismo cielo que yo ayer creía limpio.
Entre gritos suicidas, hay alguna palabra que da aire.

Puta jaula mental. Putos perros ladrando. Putos bozales que no encuentro.
Tengo miedo.
Me tengo miedo.
Tengo pánico a escribir.
De Enero a Diciembre. De Lunes a Viernes. De día a noche. De sol a luna.
De miedo a. Miedo.
Se me acumulan nubes en la espalda. Nubes de humo. De contaminación. De palabras que nunca diré y con las que siempre me intentaré asesinar yo misma por la espalda.
Escribo rápido para no analizar lo que estoy escupiendo.
Para no asumir que quizá sí necesito dejar de escribir.
Puta salvación contradictoria.
Siguen mirándome raro si digo que necesito desangrarme escribiendo cada día.
Siguen riéndose al escuchar un "escribir me hace daño."
Sigo riéndome cuando oigo un "son sólo letras, no sirven para nada."
Sogas en forma de verbos.
Sogas en forma de vernos.
Sogas en forma de "ven", que ya no nos diremos.
Yo la soga, las palabras la silla.
Sonata de invierno suena. Y Charly disfruta resquebrajando todo.
Soy feliz. Lo juro.
Pero a veces me miro por dentro y me escribo. Como si fuera a cambiar algo.
Como si fuera a colocar algo.

Como si fuera a mirar al cielo y a no querer escupirlo del daño que me hace al salvarme.

Los aviones se cruzan y dejan los restos en el cielo.

Los aviones ni vuelan y ya se estrellan,

en mi cabeza.